Nací en Parral, crecí en Delicias, estudié en Ciudad Juárez. Después me di un sabático para recorrer mi propio país: Guadalajara, Ciudad de México, Playa del Carmen. Esa vuelta duró seis meses y me llevó, sin saberlo, a cruzar el Atlántico.
Llegué a Europa por Córdoba, en Andalucía. Ahí renací como artista: descubrí que cantar para personas que no eran de mi país abría algo que no había pasado antes en escena. Pasé después por Málaga y Gibraltar. La pandemia me devolvió a México y empecé a producir mi propio disco, Noche de Ronda.
Volví a Europa con otro proyecto y otro nombre: Karina Ortiz como marca, como plataforma, como productora cultural. Vivo en Barcelona desde hace dos años y medio. He cantado en Londres, París, Milán e Ibiza.
En cada lugar aprendí lo mismo: la cultura mexicana, cuando se ofrece con cuidado, no compite con la cultura local. La amplía. Construye comunidad. Repara.